Satie. Monólogo musical para dos pianos mudos

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Satie. Monólogo musical para dos pianos mudos

(Estreno absoluto: 11 de mayo de 2017 en el Teatro Pérez Galdós.)
"Satie es uno de los más peculiares, carismáticos y fecundos compositores de la modernidad y su obra es imprescindible a la hora de abordar la evolución desde el romanticismo a las vanguardias históricas. "

SINOPSIS

En 1925, tras la muerte de Erik Satie, sus amigos penetraron en su casa de Arcueil, donde nadie —salvo él mismo y los perros que recogía de la calle— había entrado durante veintisiete años. Allí encontraron miles de páginas que recogían textos y partituras inéditos; su correspondencia con Suzanne Valadon —su única amante conocida— y el retrato que esta le había pintado en 1893; una amplia colección de dibujos de castillos medievales; un centenar de paraguas; siete trajes de la época en la que el compositor era apodado “The Velvet Gentleman”, todos idénticos, y, entre el polvo y las telarañas, dos pianos con las cajas llenas de papeles y cuyos pedales habían sido atados. La sorprendente conclusión es que Satie había compuesto durante décadas sin utilizar el piano.
Para el gran público, Satie debe su fama a sus Gymnopedies y sus Gnossienes, pero es mucho más que estas dos hipnóticas colecciones de piezas. Satie es uno de los más peculiares, carismáticos y fecundos compositores de la modernidad y su obra es imprescindible a la hora de abordar la evolución desde el romanticismo a las vanguardias históricas. Su biografía, no menos singular, es claro ejemplo de las corrientes y contradicciones que caracterizan el paso de lo decimonónico a lo contemporáneo. Profeta del absurdo y del minimalismo, fue un adelantado a su tiempo que, como él mismo escribió, nació muy joven en un mundo muy viejo. A lo largo de su vida fue sucesivamente antiwagneriano, modernista, medievalista, orientalista, clasicista, surrealista y dadaísta. Y, paralelamente, cristiano, rosacruz, agnóstico, ateo, socialista, radical-socialista y comunista. Fue amigo de Stravinsky, de Picasso, de Cocteau y de la princesa de Polignac, pero también llevaba cada jueves de excursión a los niños de las escuelas de Arcueil. Con lúcida ironía, con mordacidad lúdica, se internó en todos los caminos y en todos descubrió senderos inéditos. Compuso canciones de cabaré y misas para una religión que él mismo había fundado; ballets instantaneístas y música para perros; piezas especialmente pensadas para los niños y música de mobiliario —compuesta para no ser escuchada—; una obra de casi veinticuatro horas de duración y la primera partitura escrita expresamente para el cine; descripciones automáticas y una adaptación musical de los Diálogos de Platón. Pero, al mismo tiempo, alternó su actividad musical con la literaria, pariendo multitud de breves textos en los que brilla su singular ingenio.
Asimismo, se vio involucrado en arduas polémicas: Saint-Saëns, Debussy, Ravel, el célebre crítico de la época Willy, Breton —a quien se enfrentó en defensa de Tristan Tzara durante la confrontación entre surrealismo y dadaísmo— son solo algunos de los nombres relacionados con este aspecto de su biografía.
En lo personal, no obstante, la de Satie es una historia de soledad y pobreza, de triunfos estéticos y fracasos sociales, de tiernas amistades y traiciones inesperadas, de contradicciones inexplicables y obsesiva búsqueda de la belleza y la verdad a través de nuevos territorios estéticos. A esa figura, contradictoria, magnética y genial es a la que se acerca Satie: Monólogo musical para dos pianos mudos, espectáculo teatral que encuentra a Satie en su último invierno, en la soledad de su casa de Arcueil, enfrentado a sí mismo, intentando hallar el sentido último de toda una vida marcada por el talento y la incomprensión.

EQUIPO

Autor: Alexis Ravelo.
Director: Quino Falero.
Reparto:
Satie es Alfonso Lara.
Piano, José Luis Castillo.
Escenografía y Vestuario: Claudio Martín.
Iluminación: Txema Fernández.
Coproducción: Fundación Auditorio Teatro. Teatro Pérez Galdós. Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Cabildo de Gran Canaria.

PRENSA

El cerebro es un órgano excepcional. Hasta tal punto, aseguran los expertos, que por mucho que se haya investigado, buena parte de su funcionamiento es una incógnita. Los misterios que esconde son médicos y sociales, porque el comportamiento humano, en solitario y junto al resto de la especie, depende de los impulsos que genera este órgano.
Por esta razón, trepanar un cráneo para adentrarse en los secretos que esconde un cerebro debe de ser una aventura apasionante. Tanto a nivel médico como desde un punto de vista metafórico. El segundo es el que nos ocupa. Tuvo como escenario el teatro Pérez Galdós y la cabeza elegida fue la de Erik Satie, el controvertido y genial compositor, pianista, dibujante y escritor galo, una de las mentes más avanzadas, desde el punto de vista creativo, cuando arrancó el pasado siglo XX.
Explorar la cabeza de Satie, de la mano del texto escrito por el novelista grancanario Alexis Ravelo, fue toda una experiencia. La aventura se puede calificar como emocionante, divertida y pedagógica. Un cóctel, en apariencia imposible, que se hizo realidad dentro de la última entrega programada, hasta el momento, en del ciclo La música como literatura.
Este monólogo musical para dos pianos mudos sumergió al espectador en los entresijos vitales y creativos de Satie, dos vertientes que fueron de la mano durante toda su existencia y también sobre el escenario.
El montaje tomó vida mediante un espectáculo escénico y musical en el que la vertiente pianística del autor de las tres Gymnopédie cobró vida gracias al magisterio de José Luis Castillo. El Satie de carne y hueso, que mira atrás en su casa de Arcueil apenas un mes antes de fallecer, cobró vida gracias a un medido Alfonso Lara. Estuvo excesivo cuando el texto lo requería y contraído cuando la montaña rusa escénica, dirigida por Quino Falero, así se lo exigía.
El director lanzaroteño aseguró antes del estreno que entre los objetivos que se había trazado el equipo de esta producción de función única estaba divertir al público y despertar en el mismo la curiosidad suficiente para que, una vez llegase a casa, sintiera la necesidad de acercarse al universo creativo de este adelantado a su tiempo.
Resulta casi imposible que, después de disfrutar de las piezas musicales que tomaron vida en uno de los dos pianos que dominaban el escenario, y tras disfrutar de una puesta en escena tan elegante y funcional, buena parte de los asistentes a la representación del pasado jueves no les apeteciese cumplir una de las premoniciones que Erik Satie lanzó en el escenario: «Gente que no sabe ni cómo me llamo llevará mi música como melodía en aparatos que aún no se han inventado».
Con una salvedad, seguro que se ha cumplido en las últimas horas. Los que estuvieron en el Pérez Galdós ya sí que saben quién es Satie. Y nunca lo olvidarán.
Todos somos Erik Satie. Nadie es Erik Satie. Y esto, que parece mi casa en Arcueil, en realidad no lo es. En realidad es mi cabeza, mi corazón, mi alma, ese desván que llevo en el centro del pecho como otros llevan una caja de caudales. Podría ser, perfectamente, otro sitio...No sé...El escenario de un teatro... un teatro del futuro...». Con estas palabras, escritas por el novelista grancanario Alexis Ravelo, se dirige al público Alfred Eric Leslie Satie (Honfleur, 17 de mayo de 1866–París, 1 de julio de 1925) en uno de los pasajes iniciales del montaje escénico y musical Satie. Monólogo musical para dos pianos mudos, que se estrena el próximo 11 de mayo, a partir de las 20.00 horas, dentro del ciclo Música y Literatura, que se desarrolla en el teatro Pérez Galdós de la capital grancanaria.
Este nuevo espectáculo se desarrolla a partir del universo creativo y personal del compositor, pianista y escritor francés Erik Satie, uno de los creadores más innovadores e influyentes de comienzos del siglo XX. En concreto, ante el público del Pérez Galdós se presentará un Satie con 58 años, calvo, con gafas y barba, que se encuentra en su casa de Arcueil, donde vive casi como un anacoreta descreído con el mundo que le rodea.
«Es un filón como personaje. A mis 45 años, tengo claro que no estoy para inventarme historias donde no existen. Elijo temas que sean un filón, que me permitan escarbar mucho en su interior. Satie lo es. Creo que su vida y su obra, que van de la mano, porque así entendía él mismo el mundo, dan para tres o cuatro espectáculos teatrales más», apunta Alexis Ravelo, autor del texto original que da pie a esta aventura escénica y musical.
El director lanzaroteño Quino Falero lleva las riendas de un montaje que contará sobre el escenario con la actuación de Alfonso Lara y con José Luis Castillo al piano. Claudio Martín firma el vestuario y la escenografía, mientras que el trabajo de iluminación recae en Txema Fernández.
«He contado con una libertad absoluta para crear, dentro de unos límites de eficiencia económica, que me impongo sobre todo cuando se trata, como sucede en este caso, de una producción con dinero público», desvela Ravelo. La única premisa que le impuso Manuel Benítez, subdirector de programación de la Fundación Auditorio Teatro de Las Palmas de Gran Canaria, institución responsable del montaje, fue que «tenía que haber música en directo», asegura Ravelo. «Manolo [Benítez] tenía en mente a José Luis Castillo como pianista y a Quino Falero y su apuesta a me pareció estupenda», añade el novelista.
Erik Satie fue la primera idea que pasó por la mente del autor de la reciente novela Los milagros prohibidos (Siruela) cuando le propusieron la elaboración de un texto para un montaje del ciclo Música y Literatura. «También barajé los nombres de otros compositores, pero pensé en un primer momento en su figura, porque aunaba tres vertientes muy interesantes. Se trataba de un instrumentista, un compositor y un escritor. También dibujaba muy bien», rememora.
Una serendipia fue la culpable de la decisión final. «Me puse a repasar sus textos y su música. Me di cuenta de que era 17 de mayo de 2016, el día en el que se cumplían 150 años de su nacimiento. Entonces tuve claro que tenía que protagonizar este montaje», apunta entre risas el responsable de las novelas negras que protagoniza Eladio Monroy.
No fue la única serendipia que apareció en el camino inicial de Satie. Monólogo musical para dos pianos mudos. «Cuando se contactó por teléfono con el actor Alfonso Lara, se encontraron con que acababa de volver de París, donde había visitado la casa de Satie. Es un apasionado de su obra y ha hecho un enorme esfuerzo para cuadrar su agenda profesional para poder participar en esta obra», explica.
Alexis Ravelo asegura que cuando comenzó a repasar la biografía y la enorme producción creativa de Satie pudo «repasar» las principales vanguardias artísticas del pasado siglo. «Fue desde el post-romanticismo hasta el dadaísmo, el cubismo e incluso el futurismo. A medida que lo fui estudiando, me percaté de un detalle fundamental. Siempre estuvo a la vanguardia de la vanguardia. En cuanto se olía que comenzaba a aparecer un canon, una fórmula a seguir, se iba corriendo. Es el paradigma del creador que está en constante movimiento. Un autor que no tiene ningún problema en enfrentarse a lo que está instituido», comenta.
Lo más sencillo y natural habría sido dejarse llevar por una vertiente biográfica, pero ese no era el objetivo que se trazaron los responsables de este espectáculo. «Mi primera excusa argumental consistía en reflexionar sobre su vida privada. Cuando muere, en julio de 1925, sus amigos no habían entrado jamás en su casa de Arcueil, a la que se trasladó tras dejar su piso en Montmartre. Durante 24 años, nadie entró allí. Solo él y los perros que recogía de la calle. Al morir, entraron y se encontraron con una colección de cien paraguas, con sus siete trajes de terciopelo verde todos iguales, con el retrato que le hizo Suzane Valadón, con la que mantuvo una relación, con unos dibujos medievales y con un montón de partituras y escritos que tenía guardados en las cajas de dos pianos que tenía amarrados, el uno con el otro. Mi excusa, ante ese panorama, es que durante todo ese tiempo estuvo componiendo sin tocar el piano», desvela.
Desde ese instante, en el espectáculo se desata una batalla creativa de primer orden, entre su vertiente como escritor y compositor y el Satie instrumentista. «El compositor intenta amordazar al intérprete, porque no quiere tocar la música que ya había compuesto. Quiere tocar solo la que tiene en la cabeza».
Durante su vida, Satie transitó por momentos de una enorme producción creativa. «Creó obras que se pisaron unas a otras. Escribió desde música de inspiración medievalista hasta coros para misas de una religión que se inventó, para perros, para que solo fuera escuchada por niños, para que nadie la escuchase, para mobiliarios... incluso para cine. Fue el primero que creó una composición para que siguiese los distintos fotogramas», apunta Ravelo desde la admiración.
Esta raíz biográfica permite que Satie. Monólogo musical para dos pianos vaya un paso más allá, en la línea creativa que inspiraba al propio genio galo que lo inspira. «El montaje aborda temas universales, como la figura del creador frente a su obra. Se adentra en cómo convive con la sociedad. Una sociedad que, por lo general, no le comprende. Él mira a esta sociedad desde un lugar de privilegio. A pesar de ser un incomprendido, tuvo mucho éxito. No hay que olvidar que se convirtió en una estrella con solo 24 años. Debussy fue quien le orquestó las míticas Gymnopédie». Así, dentro del universo pergeñado por el escritor isleño, el Satie compositor lanza una profecía: «Llegará un día en el que personas que no habían nacido cuando él vivía, llevarán unos aparatos, que aún no se han inventado, que les permitirán escuchar su música. Aunque no conozcan quién las compuso».
Alexis Ravelo dice que Satie fue un genio, aunque hoy sea un desconocido para muchos. «Si le pones a alguien los primeros compases de la Gymnopédie, seguro que le suenan. Aunque no sepan ni como se titula la pieza ni quién la compuso», reconoce con cierto pesar. Confía en que este espectáculo ayude a solventar esta situación, sobre todo si su escenificación tiene recorrido más allá del 11 de mayo, día de su estreno.

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